Cinco minutos de placer ÁNGEL CLIMENT Octubre del 2024
Miró por el ojo de la cerradura y no lo vio: «no puede ser, yo he oído como cerraba la puerta del baño» pensó. Para evitar que la descubriera se alejó, salió de la habitación y fue hacía el comedor, allí lo esperaría, por un día que no lo hiciera no le iba a pasar nada, incluso sería mejor para su salud. Pero para él era como una droga; casi, casi, se diría que era adicto y a ella le gustaba verle todos los días como lo hacía, es más disfrutaba viéndolo contento.
Se lo repensó: «no puede ser; debe de estar dentro, estoy segura de que he oído como se cerraba la puerta, pero lo raro es que no lo veo, y salir no ha salido, ¡menos mal!, porque nos hubiéramos encontrado de cara»
Él no sabe, ni se le ocurre pensar, que ella lo espía cada día a través de la cerradura. Parece mentira, ya que con las indirectas que ella le deja ir de vez en cuando, era para que sospechase algo, pero él va a lo suyo y la obedece, gustosamente, cuando después de desayunar, y con la excusa de que debe ducharse, cambiarse de ropa interior y vestirse, lo envía al cuarto de baño. No se da cuenta de la picardía con la que ella lo dice, con ese tono de voz de: “sé lo que vas a hacer, pillín”.
Ella que de picarona y bromista tiene un gran bagaje, está deseando de que dé el último bocado a la tostada con mantequilla y mermelada, el último sorbo al vaso de leche, para recordarle que tiene que acabar de asearse, que tiene la muda y la toalla colocadas en el toallero.
Nada más que él entra en el cuarto de baño y escucha cómo cierra la puerta, ella entra y se arrodilla para contemplar cómo lo hace.
Para ella es una costumbre, ha pensado infinidad de veces en dejar de hacerlo, pero en su interior le gusta que él se monte esa película todas las mañanas, que se crea que la engaña y que, con la excusa de ducharse, disponga para sí mismo de esos cinco minutos de placer que le alegran, le hacen soltar los nervios y le ayudan a pasar el día soportando los comentarios e incluso las posibles bromas de los compañeros.
Vuelve a intentar entrar a la habitación, de repente se oye el cerrojo y se abre la puerta, recula rápidamente y se queda en el pasillo haciéndose la encontradiza con él.
—Hola mi amor, ¿Qué te pasa que todavía no te has duchado?
—No, me he acordado de algo y tengo que ir un momento a la cocina, enseguida me ducho.
—Ok, cariño, date prisa que se te va a hacer tarde, mientras, para ganar tiempo, voy a prepararte las cosas, te las dejo en el vestíbulo.
—No sé qué haría yo sin ti, muchas gracias.
Él se dirige a la cocina abre uno de los armarios de arriba, coge algo que se mete en el bolsillo y vuelve al baño. Mientras ella revisa y comprueba que tiene todo lo que se tiene que llevar, lo deja en la silla del recibidor y se encamina a la habitación. Entra, se arrodilla delante de la cerradura y mira, ahora sí lo ve, está sentado encima de la tapa del wáter, ve a su hijo como se mete la mano en el bolsillo, saca una bolsa de chuches, y empieza a comer.
Ángel Climent. Octubre del 2024.

El final trenca esquemes! tot i que veure un nen assegut al wàter menjant xuxes no se, no li trobo la font de plaer, però coses més rares hi ha.
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